La empresa familiar hace una pausa para reflexionar sobre el camino recorrido, los altibajos de la industria y los desafíos que definen este rubro esencial y estratégico. Cuando Freddy habla con cariño de su historia, es imposible no notar en sus ojos la mirada de su padre, Nelson Albornoz, quien a fines de los 60 emprendió un viaje en el transporte de pasajeros. Tanto Freddy como su hermano Nelson hicieron del transporte su camino de vida, mientras sus padres disfrutan ahora del campo y una vida tranquila rodeada de nietos.

Haciendo patria

Nelson Albornoz Ruedlinger dio los primeros pasos en el servicio urbano en 1965, mientras cursaba estudios universitarios. En 1977, comenzó a ofrecer servicios hacia el sector costero de La Araucanía, marcando la transición del transporte urbano al rural. Posteriormente, incorporó rutas interurbanas a Santiago y conexiones internacionales hacia Argentina. “Nada fue fácil. Los caminos ni las personas eran los de ahora”, recuerda Nelson. Hoy, la empresa no solo opera en el sector del transporte, sino que también ha incursionado en los rubros agrícola e inmobiliario.

Desafíos con la industria 

La compañía ha enfrentado numerosos desafíos, pero siempre con el objetivo de ofrecer un servicio seguro y de calidad. Se ha ganado el reconocimiento por ser una empresa que proporciona empleo a “su gente” en la región y por su firme compromiso de seguir operando, incluso en los momentos más difíciles, como la pandemia. La familia siempre ha mantenido una ética de trabajo sólida, basada en valores como la confianza, el compromiso con Temuco y la cercanía con sus trabajadores. 

Siguiendo los pasos de su padre, los hermanos Albornoz asumieron roles clave en la administración de la empresa. Nelson se encargó del transporte rural: “El compromiso de mover a quienes más asilados están siempre es un desafío para quienes estamos en regiones. La exigencia siempre es mayor”, señala Nelson. Freddy asumió la responsabilidad del transporte de larga distancia, un área particularmente afectada por la pandemia. “Nosotros nunca dejamos de operar. Teníamos una fuerte inversión en buses nuevos, los más cómodos del mercado, especialmente los Marcopolo que nos traen los amigos de Epysa Buses. Pero nos enfrentamos de lleno al estallido social y luego a la pandemia”, relata Freddy.

Durante esos tiempos, realizaron servicios esenciales, trasladando personal de salud e invirtieron fuertemente en seguridad. “A finales de 2020, en lugar de reducir nuestra flota, invertimos en nuevas unidades para conectar el sur con Santiago, incluso incorporando tecnología de última generación para proteger a pasajeros y tripulación del Covid”, explica Freddy. 

“Hoy nuestros buses mantienen los más altos estándares de seguridad y comodidad, con tecnologías que también aportan al cuidado del medio ambiente, reduciendo la huella de carbono. Además, contamos con tripulaciones comprometidas, sin las cuales no sería posible”, subraya Freddy.

Un legado de innovación y esfuerzo

El liderazgo de los hermanos Albornoz ha permitido que la empresa siga innovando y adaptándose a las necesidades del mercado, siempre priorizando la seguridad de los pasajeros y la mejora continua de sus servicios. La historia de Buses Igi Llaima – Narbus es un testimonio de esfuerzo, visión y trabajo en familia, lo que ha permitido que esta empresa continúe creciendo “sin temor a la competencia”, dice Freddy, y consolidándose como un referente en el transporte del sur de Chile, con tripulaciones altamente capacitadas y una flota de  alto  estándar. Hoy, Freddy y Nelson miran hacia el futuro con la satisfacción de saber que el legado de su padre está en cada kilómetro recorrido por sus buses. Mientras la empresa avanza con paso firme, la calidez se mantiene intacta. “Lo que se hereda es la esencia”, dice Freddy, y esa esencia continuará guiando el camino de Buses Igi Llaima – Narbus hacia un futuro lleno de retos y, sobre todo, de gratitud hacia su historia.