TEXTO Anita Hidalgo FOTOS Lipigas
Durante años, el gas natural licuado estuvo ligado principalmente al mundo industrial. Grandes plantas y procesos productivos fueron el escenario natural de una tecnología que en Chile comenzó a desarrollarse silenciosamente desde comienzos de la década pasada. Pero en 2021, Lipigas decidió llevar ese conocimiento a la carretera y abrir un nuevo camino para el transporte pesado nacional.
Lo que comenzó con una estación de servicio en Linares y 35 camiones operando junto a Transportes San Gabriel, hoy se transformó en uno de los corredores de GNL más extensos del mundo, con una red de estaciones de servicio proyectada que busca unir Lima con Puerto Montt y Chiloé, superando los 4.000 kilómetros de operación.
“Nuestra innovación no comenzó con una estación, comenzó con una visión”, resume Nicolás Hidalgo, subgerente de GNL y Biocombustibles de Lipigas, quien ha sido parte del desarrollo de esta estrategia energética enfocada en la descarbonización del transporte de larga distancia.
La historia partió mucho antes. En 2012, cuando ENAP comenzó a disponibilizar GNL en Chile para empresas distribuidoras, Lipigas decidió explorar este negocio. Aprovechando su experiencia en el mundo industrial, comenzó a desarrollar infraestructura, logística y conocimiento técnico para mover gas natural licuado en camiones cisterna desde Quintero y Mejillones hacia distintos clientes industriales del país que estaban alejados de las redes y gasoductos de gas natural. “Hoy somos el distribuidor de GNL más grande de Chile”, explica Hidalgo.
Ese recorrido permitió desarrollar experiencia operativa, plantas satélite de regasificación y una red logística especializada en transporte de gas criogénico. Sin embargo, con el tiempo el mercado industrial comenzó a madurar y Lipigas encontró una nueva oportunidad: el transporte pesado de carretera.
“Entre los combustibles alternativos para transporte, el GNL era lo que más había crecido en el mundo. En este sentido, Europa llevaba más de veinte años trabajando esta tecnología y nosotros entendimos que había espacio para adaptarla a la realidad chilena”, señala.


Pero el desafío no era solo técnico. También implicaba construir un ecosistema completo desde cero en el país. Transportistas, mandantes de carga, marcas de camiones y operadores debían alinearse en torno a una tecnología que no existía en Chile. “Creamos la categoría en Chile”, afirma.
La primera estación de GNL para carga de camiones de alto tonelaje fue instalada en Linares en 2021 junto a Transportes San Gabriel, empresa que inició operaciones con 35 camiones impulsados por esta tecnología y que hoy posee más de 100 unidades. Detrás de ese proyecto también estuvo la cervecera AB InBev, uno de los primeros mandantes en apostar por soluciones de menor huella de carbono.
Desde ahí comenzó la expansión. Antofagasta, Tabolango, Paine, Chillán. Puerto Montt y nuevas estaciones proyectadas hacia el norte fueron consolidando una red estratégica que hoy permite operar largas distancias con autonomías de entre 900 y 1.600 kilómetros, dependiendo de la configuración y marca del camión.
En paralelo, Lipigas comenzó un intenso trabajo con fabricantes de vehículos pesados. Scania, Volvo, Iveco y marcas chinas fueron parte de conversaciones y alianzas para habilitar una oferta concreta de camiones a GNL en Chile. “Había que demostrar que esto sí tenía espacio en Chile”, recuerda Hidalgo.
El escenario además comenzó a cambiar rápidamente por la presión de las grandes compañías hacia procesos de descarbonización. Empresas forestales, alimentos, bebidas y minería empezaron a exigir soluciones con menor impacto ambiental en sus cadenas logísticas.
“El gas natural licuado hoy puede ser entre un 25% y un 30% más económico que el diésel”, explica Nicolás Hidalgo. Aunque reconoce que el principal desafío sigue siendo el mayor costo inicial de los camiones a gas, que pueden costar entre un 30% y 45% más que un diésel convencional.
Sin embargo, Lipigas sostiene que la ecuación debe analizarse a largo plazo. Menores emisiones, reducción de costos operacionales, eliminación de mermas y autonomías competitivas forman parte de una propuesta que busca posicionarse como alternativa concreta frente a otras tecnologías. “No creemos que exista una sola bala de plata para descarbonizar el transporte”, asegura.
El paso hacia el BioGNL
Desde un inicio, la visión era transitar hacia la versión renovable del GNL, por lo que la siguiente etapa del proyecto era el BioGNL. Es así como, después de casi 3 años de desarrollo, en noviembre de 2025, Lipigas inauguró la primera planta de BioGNL de Sudamérica, utilizando residuos orgánicos provenientes principalmente de la industria agrícola para producir un combustible renovable químicamente idéntico al GNL tradicional.
La ventaja es estratégica: la infraestructura actual, las estaciones y los mismos camiones pueden operar sin modificaciones técnicas utilizando biogás natural licuado. “El futuro siempre fue llegar al BioGNL, la versión renovable del GNL”, afirma Hidalgo.
La meta es completar durante 2027 la conexión operativa entre Lima y el sur de Chile, consolidando una ruta energética que hasta hace pocos años parecía impensada para la industria nacional.






